La mentira, la excusa para ir a la guerra.

(Por José Martínez Raya, publicado el 2/3/22 en Periodista Digital)

Se acabó el oasis de paz y de prosperidad en el que vivíamos; la barbarie ha vuelto al corazón del viejo continente. En la plaza Maidán de Kyiv, en el mismo lugar donde hace ocho años se manifestaban miles de personas a favor de la Unión Europea, suenan ahora las sirenas alertando de un inminente ataque aéreo ordenado por Vladimir Putin. En Járkov, al este del país, centenares de personas se cobijan en el metro, convertido en un refugio antiaéreo. Estas imágenes recuerdan tristemente a las del metro de Londres durante la Segunda Guerra Mundial, que daba cobijo a los londinenses ante los ataques de la Luftwaffe de la Alemania nazi.

Este desfile de muerte y destrucción en el que se ha convertido Europa no tiene motivo alguno. El capricho de un tirano está provocando la pérdida de tantas de vidas humanas, de la mejor generación de rusos y de ucranianos. A pesar de que la maquinaria de propaganda rusa intente hacernos creer lo contrario, no existe casus belli para la invasión de Ucrania. Los motivos utilizados por el Kremlin son, a cada cual, más ridículo. El primero de los motivos esgrimidos es una supuesta “operación militar” para una “desmilitarización y desnazificación” de Ucrania. Un argumento fácilmente desmontable, ya que Volodímir Zelensky, el presidente ucraniano elegido democráticamente por los ciudadanos en 2019 es judío y tiene el idioma ruso como lengua materna.

Un segundo argumento esgrimido por la desinformación rusa es el supuesto “genocidio” que las autoridades de Kyiv estarían ejecutando en la región del Donbás, en el este de Ucrania. Esta región, desde hace ocho años, está controlada por los separatistas apoyados por Moscú, y sus dos “repúblicas” han sido reconocidas por el Kremlin escasos días antes de la invasión. La existencia de tal genocidio es directamente una falsedad, y su existencia desmentida clara y repetidamente por la OSCE, el Consejo de Europa y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. Organismos de los que, por cierto, la Federación Rusa forma parte. Ni aun siendo cierto, que no lo es, el argumento tampoco supondría una justificación para invadir el país, ni mucho menos para atacar y matar civiles inocentes, tal y como estamos viendo. El asesinato de civiles por parte de las tropas rusas no mejora para nada la situación en el Donbás, ni mucho menos detendría el genocidio, en caso de que este existiera.

Si, tal y como dice la propaganda rusa, esa agresión a los ciudadanos del Donbás hubiera existido, Putin tendría otra alternativa para presionar al Gobierno de Kyiv. Esa alternativa se basa en el principio Responsabilidad de proteger (R2P, por sus siglas en inglés) de las Naciones Unidas. Este principio, por cierto, permanece bloqueado desde 2011 por Rusia y China. La R2P permitiría, tras la aprobación en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la posibilidad de una intervención internacional en Ucrania para detener ese hipotético genocidio, y así evitar un derramamiento de sangre. Evidentemente, como tal genocidio no existe, tampoco existe la posibilidad de presentar ante el Consejo de Seguridad pruebas que legitimen una invasión militar de un país soberano como Ucrania.

También se asimila, erróneamente, esta invasión a la de Irak en 2003. Lo que no se explica son las múltiples diferencias entre ambas acciones. En Irak, antes de lanzar la invasión, la coalición liderada por los Estados Unidos envió un ultimátum a Saddam Husein, instándolo a que cumpliera con el desarme solicitado por las Naciones Unidas para evitar la intervención militar. En el caso ucraniano, no solo no hubo tal ultimátum, sino que Putin negó durante más de un mes su intención de atacar Ucrania, a pesar de la gran cantidad de tropas acumuladas junto a su frontera. Únicamente minutos antes de ordenar la invasión, con nocturnidad y alevosía, el dictador ruso declaró la guerra a Ucrania, amenazando a la comunidad internacional para que no interviniera en el conflicto.

Una vez demostrado que no existe casus belli, parece claro que el verdadero motivo no es la locura de Putin, sino su deseo de permanecer en el poder a cualquier precio. Y qué mejor estrategia para recuperar su dañada popularidad entre los rusos que volver a engrandecer las fronteras de la ya extensa Federación Rusa. La anexión ilegal de Crimea en 2014 sirvió para relanzar la maltrecha popularidad de Putin tras su regreso al poder dos años antes, y ahora espera hacer lo mismo con la invasión de Ucrania. La estrategia que pareció funcionar en 2014 puede ahora significar el principio del fin para el tirano ruso. Para lograr sus objetivos, el Kremlin cuenta con la maquinaria de desinformación, cuyos buques insignia son Russia Today y Sputnik News, que influyen en la narrativa e intentan legitimar lo que es una flagrante violación de la legalidad internacional. Está en nuestras manos no dejarnos intoxicar por la propaganda del Kremlin y apoyar la lucha del pueblo ucraniano a favor de la libertad y de la seguridad de toda Europa.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Translate »
A %d blogueros les gusta esto: